lunes, 27 de septiembre de 2010
Narrativa Colombiana Siglo XX- Opio en Las Nubes
Rafael Chaparro Madiedo
Premio Nacional Novela, 1992
Colcultura, Santafé de Bogotá, 1992, 196 págs.
P uede ser casualidad, pero en Colombia las novelas sobre géneros musicales (la balada, el tango, la ranchera, el rock, la salsa); sobre figuras de la canción popular (Celia Cruz) y sobre o carnavalesco (el baile, las fiestas, la vida nocturna) han resultado especialmente afortunadas en materia de premios y concursos. Manuel Mejía Vallejo, por ejemplo, se ganó en 1973 el premio Vivencias con Aire de tango; en 1979 Umberto Valverde obtuvo el primer puesto de la Bienal de Novela Colombiana con Celia Cruz Reina Rumbo. En 1980 Magil obtuvo el Plaza y Janés con Conciertos del desconcierto, y en 1983 David Sánchez Juliao ganó el mismo certamen con su novela Pero sigo siendo el rey. A esa larga lista podemos añadir Opio en las nubes, de Rafael Chaparro Madiedo, Premio Nacional de Novela en 1992.
Puede ser casualidad. Sin embargo, en el género hay un factor que a veces confunde al jurado y lo decide por obras cuya modernidad es ilusoria. Me refiero a la identificación espontánea entre la música en boga y la vanguardia ideológica o entre la cultura popular y el rescate de las tradiciones locales (algunos las llamarían “identidad nacional”). Si un autor habla sobre rock se deduce de inmediato que su narrativa es moderna; no sólo porque el rock es un género que utiliza una gigantesca parafernalia tecnológica y les fascina a los jóvenes, sino también porque, a diferencia de las demás tradiciones de música popular, está en todos los rincones del planeta, y no sólo en aquellos donde el capitalismo les suele cobrar su peaje a todas las artes. Si, por el contrario, el autor habla no de ritmos foráneos sino de aires vernáculos, se piensa que su narrativa es autóctona (y por lo tanto contribuye a forjar un sentido de lo propio y a rechazar las penetraciones culturales extranjeras). En ambos casos se trata de legitimar un género acudiendo a un proyecto relacionado indirecta o ancilarmente con las obras. Tal vez por eso muchísimas novelas sobre música popular o sobre figuras legendarias de la canción envejecen con abrumadora facilidad; unos años después, se leen con el mismo azoro que produce oír en programas especializados un repaso de los hits bailables en junio y diciembre.
Opio en las nubes responde de una forma oblicua al primer punto. No es tanto una novela sobre el rock como sobre los efectos que ha ocasionado en la cultura moderna. Esta frase es un poco ambigua, por lo que me gustaría precisarla. Seria una injusticia reducir ese vasto fenómeno del rock a una sola cosa; sin embargo, uno podría decir que en cuanto ideología el rock ha producido unos tipos sociales específicos, una estética e incluso una ética particulares. Es una imagen definida, que se advierte en el unisexualismo, el lenguaje, los hábitos alimentarios, los gadgets, los obtactos, las drogas, la postermanía, el artesanado o las doctrinas del amor libre y el Turn on-Tune in-Drop O ut (Conéctate¬Sintoniza-Abandona). La novela de Chaparro sintetiza todo ese conjunto; hubiera sido imposible escribirla sin las canciones de Jimi Hendrix, The Cure, Bob Marley, los Rolling Stones, U2, etc.; sin el hippismo, Woodstock, los fanzines, la psicodelia, el amor libre y de nuevo un largo etcétera. Chaparro cita fragmentos de canciones (Wíld Thing, de Jimi Hendrix —aunque podría ser la versión de John Bon Jovi); emplea muletillas lingüísticas del Flower Power criollo (trip, pero qué cosa tan seria, así no se puede), adjetiva y titula con espíritu vanguardista (los capítulos se llaman “Ambulancia con whisky”, “DC-3 Espinacas de Mayo”, “Los días olían a diesel con durazno”) o acude a un tipo de percepción que podríamos llamar “alucinógena”. En efecto, los principales recursos de la novela son la construcción de los párrafos con base en un formato de balada y la mezcla psicodélica de los datos sensoriales.
Cuando hablo de balada no pienso en las canciones que agrupamos con ese nombre, ni en el género poético medieval; utilizo el término en un sentido más bien metafórico y entendiendo con él una serie de “estrofas» en las que se intercala un estribillo. Chaparro adapta esa forma y la traslada a la narración en primera persona de Opio en las nubes. Veamos un ejemplo: “Sven sale con una toalla enrollada recoge su ropa desde allá abajo le grita a Amarilla que es una muñeca muy salvaje como a él le gustan trip trip trip [.1 y entonces Amarilla dice un momento muñecos hoy no quiero enredos Don’t leave me now trip trip trip [...] Amarilla dice que los sábados son los días de los gatos, de los caballos y de los muer¬tos. Mierda, qué cosa tan seria. La ciudad entera está muerta trip trip trip” (págs. 16-18).
La “estrofa” sería, en este ejemplo, la narración continua, y el “estribillo” la repetición al comienzo, en la mitad o al final de los párrafos de “trip trip trip”. (En la balada antigua el estribillo podía constar de dos versos consecutivos o bien situados uno en el medio y el otro al final de la estrofa). Cada vez que en Opio en las nubes se cambia el narrador, a éste lo podemos distinguir porque inmiscuye en el curso de su narración la figura de un coro de dos o tres líneas. (Mas, por ejemplo, está obsesionado con que Gary será en su próxima reencarnación un pastor de cebras en Zimbabue y que pasará todos los días observando su manada de cebras blancas y negras mientras come cerezas salvajes).
Aunque parezca increíble, la palabra psicodelia no figura ni en el diccionario de la Real Academia de la Lengua ni el de Maria Moliner. El Larousse admite un modesto psicodélico y lo define como “el conjunto de sensaciones provocadas por la ingestión de alucinógenos”. En La década prodigiosa son un poco más explícitos y añaden que los lisérgicos excitan la perceptividad, las sensaciones fisicocerebrales, la fertilidad creativa y la introspección de la conciencia individual. Aunque la definición del Larousse es correcta, y los efectos señalados por Corazón y Sempere también, conviene agregar que a la psicodelia, al “estado de máxima receptividad”, también se puede llegar por el ayuno, como los eremitas, o por la dieta macrobiótica y el alcohol.
En el plano lingüístico, la psicodelia es una proliferación sinestésica en el lenguaje. O, de modo más sencillo, es la aplicación de verbos “incorrectos” a un predicado. Así, yo puedo afirmar que el cielo me sabe a mermelada aunque en un sentido estricto el cielo carezca de sabor (se diría más bien que huele a mermelada). Este es el procedimiento gramatical más utilizado en Opio en las nubes. Los narradores —un gato (Pink Tomate), un hippy (Sven), un asesino condenado a la silla eléctrica (Gary Gilmour) y el hijo de una exconvicta (Max)— hacen, debido a la continua ingestión de vodka, a las dietas inverosímiles (sopa de minestrone, una mogolla y café negro) y al consumo industrial de mariguana, cocaína, bazuco, etc., etc., una constante mezcla y confusión de los datos sensoriales. Por eso, no resulta extraño que Sven hable de “ese perfume que sabía a doce de la noche, a mírame preciosa antes de que me muera” (pág. 20), o que Gary Gilmour repita “me pareció que olías un poco a paloma, a boys don’t cry, un poco a mañana de miércoles” (pág. 91). Lo psicodélico, en este caso, consiste en atribuir sabor a un concepto temporal (las doce de la noche) que en un sentido “lógico” no lo tiene. Los dos ejemplos citados no por azar corresponden a situaciones olfativas. De hecho, el órgano más utilizado en las 196 páginas de Opio en las nubes es la nariz. A los narradores de la novela el mundo les llega, de preferencia, por los aromas; de ahí que se reitere casi en cada página el olor de la mañana, de la noche, del mar, etc.
Esta psicodelia verbal se acompaña de dos recursos adicionales: las listas heteróclitas y las enumeraciones. En cierto modo es una prolongación del recurso a la sinestesia en el lenguaje, pues, como han verificado algunos lingüistas, los sujetos bajo la influencia de una droga o de cantidades inmoderadas de alcohol prefieren, para describir sus visiones, los inventarios de objetos o de acciones cuyo denominador común es el caos. Chaparro propicia ambas formas; y ello obedece no sólo a que sus personajes padecen las deformaciones visuales y auditivas que ocasionan las drogas, el hambre y el alcohol, sino a que su prosa abusa del asindeton y de la elipsis gramatical. Chaparro no enlaza las frases con ningún tipo de conjunción; en vez de ello, prefiere las oraciones separadas entre puntos o las oraciones en que se han suprimido cualquier signo de puntuación. Eso le da, sin duda, mucho ritmo al conjunto general de la obra, pero también la precipita en el absurdo enumerativo: “Las mañanas se filtraban en los cuerpos lentamente como inyecciones, pequeñas inyecciones de algodón, inyecciones de sueños plenos de arena, whisky, sangre, sudor, lágrimas, tetas, culos y humos. Pensar, tomar, fumar. Levantarse. Acostarse. La sangre. El whisky. La luz. El humo. Los días. Sus mejores días...” (págs. 26-27).
De una obra así, como es lógico, no puede esperarse ninguna clase de realismo. En Opio en las nubes, Gary Gilmour muere en la silla eléctrica y dos capítulos después resucita para encontrarse con Max, su antiguo compañero de la prisión, en un bar llamado El Café del Capitán Nirvana; acto seguido, después de una serie de incidentes confusos, se suicida ahogándose en el mar; Marcianita, una suerte de puta rockera, sólo “puede hacer el amor en los baños frente a los espejos mientras escribe (con labial rojo) poemas en el cristal”; Sven y Amarilla se van a la pista de un aeropuerto para hacer el amor mientras los aviones les pasan por encima.
Lo que irrita al lector en esta serie de incidentes no es la falta de verosimilitud, el tono juvenil ni el espíritu vanguardista, sino su gratuidad en el conjunto de la novela. Son episodios que carecen de cualquier función; parecería que el autor los acumula con el único propósito de enmudecer a los lectores, en una pueril búsqueda de situaciones extrañas, falsamente poéticas o inocentemente modernistas.
Igual sucede con la estructura baladesca y la obsesión olfativa. No tengo dificultades para reconocer que una de las virtudes de Chaparro —pero también uno de sus principales defectos— es que se haya planteado la musicalidad de la novela no como un problema de contenido, sino como un interrogante para el lenguaje y la estructura. Deliberados o no, la elección de un formato de balada y el asíndeton constante de su lenguaje señalan que deseaba eludir eso que un director francés llamó “música de amoblamiento” (el vicio de utilizar la banda sonora de las películas como si fuera parte del decorado). La observación puede adaptarse al contexto de la narrativa y decir que si muchas novelas sobre géneros musicales y cantantes legendarios envejecen con tan pródiga facilidad es porque no integran la música, la sonoridad, la riqueza fonética al lenguaje y al tejido de las obras. Chaparro eludió ese problema, pero para caer en uno mayor: la monotonía. La reiteración constante de estribillos como trip trip trip o “qué cosa tan seria’, además de ser un recurso lingüístico primitivo (quien no domina su lenguaje enumera), como estrategia identificatoria del personaje resulta sumamente pobre y plana.
Podría pensarse que Chaparro no quiso escribir una novela compleja desde el punto de vista estructural; y alguien incluso me ha sugerido que el efecto que la enumeraciones y el asíndenton producen puede compararse al de la música de “trance” de algunos compositores contemporáneos, como Philip Glass o Steve Reich. Sin embargo, hay un problema, y es que la narrativa, lo mismo que la poesía, por muy musicales que sean, no son música. Lo que nos exalta en un canon religioso cantado por monjes o en la “música de la nueva era”, nos abate en la prosa y en la poesía: estamos demasiado acostumbrados a la vasta combinatoria en el arsenal del lenguaje. Cuando las elecciones de estilo permanecen inmutables —en un poema o en una novela— perdemos interés.
Por otra parte, uno esperaría que cuando un autor le concede tanta importancia, como se la concede Chaparro, a los datos sensoriales del gusto y el olfato, es para revelarnos la riqueza del órgano, para distinguir matices, giros, sensaciones de las cuales no sabíamos nada. Chaparro no lo ha querido así. Las infinitas enumeraciones olfativas de Opio en las nubes se limitan a ser catálogos cuya finalidad no es agudizar el conocimiento de los sentidos sino despertar el pasmo del lector. Chaparro dice: “Sintió que el aire olía a brandy, que Dios había regado brandy con begonias sobre las nubes, sobre los árboles, sobre su cuerpo lleno de pecas” (pág. 140) y la conjunción de “brandy” y “begonias”nos resulta inesperada, incluso podría ser poética; sin embargo, después de haber atravesado 140 páginas en que esa combinatoria surrealista se utiliza hasta el cansancio, uno se convence de que en este punto, como en el anterior, lo que agota y dilapida el interés no es más que la sobre explotación de un recurso literario.
Lo melancólico, sin embargo, es que autores como Chaparro, vanguardistas y reacios a pensar en su propio ejercicio, carecen de ironía y, por lo tanto, de perspectiva histórica. Durante la presentación de la novela, Chaparro dijo que la literatura es “un botellazo de whisky en la cabeza, un corrientazo de energía en las pelotas, una cuchillada en la madrugada”, etc., etc. Este vitalismo lo conduce —a él y a los autores que siguen la doctrina— a repetir gestos que unos años antes tuvieron sentido, pero que hoy pasan por ignorancia o por adolescencia. En 1930, Eduardo Zalamea Borda tuvo la idea de escribir una crónica sobre la Guajira que se tituló “4 años a bordo de mí mismo (memorias de Uchí Siechi Kuhmare)”. Fue publicada en El Espectador, entre el 10 de mayo y el 5 de junio de 1930. Esa crónica, que ocupaba la totalidad de la página 4, venía acompañada de hermosas fotografías y manifestaba el deseo constante de mantener la atención del público: “La ciudad de las 125.000 mujeres y los 1.500 automóviles”, “Un capitulo extraordinario y matemático como un vuelo de submarinos”, se titulaban, por ejemplo, algunas de las entregas. Eran los años de la vanguardia y la modernización industrial en Colombia. Por eso, el gesto tenía sentido; no sólo era el saludo del autor a nuevas fuerzas sociales sino la condena de la literatura tradicional y la retórica que dominaba a la generación del Centenario. Sesenta y dos años después, cuando la ironía es la ley del mundo, repetir con la misma juventud el gesto no parece posible. La novela de Chaparro es adolescente pero en un sentido negativo: carece de todas las virtudes de la juventud, pero tiene casi todos sus defectos: la gravedad, la ausencia de humor, el vitalismo, la ignorancia. Este último aspecto es revelador en todo sentido, porque sin proponérselo Chaparro ha calcado, punto por punto, lo que desde el siglo XIX se conoce como novela de artista.
Esta reseña comenzaba enfatizando la modernidad ilusoria de las novelas musicales y los factores que confunden al jurado. En una cultura impregnada de neorromanticismo, en la que se propugna la vuelta a los aspectos más superficiales de la contracultura de los años sesenta, no hay que pensar mucho para saber por qué Opio en las nubes ganó el corazón de los jurados.
MARIO JURSICH DURÁN
jueves, 29 de julio de 2010
Cronistas de Indias
1.- De 1493 es el documento en que se cita por primera vez una Carta, hoy perdida, escrita por el probablemente genovés Cristóbal Colón (¿1451?-1506), que habla de "las islas" descubiertas el 12 de Octubre de 1492. Es el primer escrito sobre el Nuevo Mundo. A finales del siglo XIX, apareció, en el catálogo de un librero francés, lo que hoy se considera primera edición impresa de la Carta, acaso en Barcelona, 1493. Se conserva en Nueva York. Describe someramente los territorios descubiertos, la "gente de muy lindo acatamiento" y promete a los reyes de España "oro sin cuento". Hacia 1500-1501, Cristóbal Colón recopilaba y anotaba una colección de textos bíblicos que nos indican cómo se sintió elegido para cumplir un destino histórico. Esta visión mesiánica se ha publicado como Libro de las Profecías.
Folio 1r de la Carta de Colón(¿Barcelona, 1493?)con transcripción
Folio 1v de la Carta de Colón(¿Barcelona, 1493?)con transcripción
Folio 2r de la Carta de Colón(¿Barcelona, 1493?)con transcripción
Folio 2v de la Carta de Colón(¿Barcelona, 1493?)con transcripción
De orbe novo decades(Alcalá, 1530)
2.- Desde la Península Ibérica, un cronista italiano, Pedro Mártir de Anglería (1457-1526), reelaboraba la materia americana bajo el título de De orbe novo decades octo (Sevilla, 1511), redactadas desde 1501. En ellas ofrecía la visión del indio como buen salvaje, idea que conduciría a una polémica indigenista. 3.- Una visión de primera mano la obtendremos en las cinco Cartas de relación del conquistador extremeño Hernán Cortés (1485-1547), escritas entre 1519 y 1526. Son informes enviados al Emperador para dar cuenta, muy por extenso, de los sucesos que observa y vive, ya que se considera bajo sus órdenes. Nota sus desavenencias con Diego Velázquez y pinta la crueldad que usan los indios entre sí, sin silenciar los sacrificios humanos. Hernán Cortés busca una justificación de la conquista y de su propia actitud ante sus superiores y ante la historia.
Cartas de relación Códice de Viena
La Primera relación o Carta de Veracruz (1519) narra dos expediciones anteriores a la de Cortés, hasta su ruptura con Diego Velázquez. La Segunda relación, la marcha por México hasta entrar en Tenochtitlán. La toma de Tenochtitlán, captura de Cauthémoc e intento de dominio sobre México ocupa la Tercera Relación. En la Cuarta Relación (1524) expone los problemas financieros subyacentes a la conquista, y en la Quinta Relación (1526), la expedición a Honduras y nueva justificación de sus actos. 4.- Otro testigo directo de la conquista de América fue el madrileño Gonzalo Fernández de Oviedo (1478-1557), cronista de Indias, que señaló la naturaleza degenerada de los indígenas, enfrentándose a sus primeros defensores. Su vida recoge testimonios de la guerra de Granada o de la prisión de Francisco I. Su obra americanista queda en el Sumario de la natural historia de las Indias (1526) y en la Historia general y natural de las Indias (Sevilla, 1535).
Cartas de relación(Sevilla, 1522)
5.- El sevillano fray Bartolomé de las Casas (1474-1566) se convirtió en defensor de los indios, frente a los abusos del colonialismo, desde su llegada a América en 1502. Cruzó numerosas veces el Atlántico y participó en las Leyes nuevas (1542). Se le reprochó haber impulsado la leyenda negra. Su Brevísima relación de la destruición de las Indias (1542) se imprimió, junto a otros tratados, en 1552. Informa de los delitos cometidos en diferentes provincias -una en cada capítulo- por los gobernadores españoles. Escribió una Historia de Indias, inédita hasta 1875. Entre quienes recogen y suavizan la denuncia de Bartolomé de las Casas brilló el burgalés Francisco de Vitoria (1483-1546), que, en De indis (1539), buscó adaptar los derechos de los indios a los intereses de la corona española, en una actitud mediadora y difícilmente conciliadora.
Brevísima relación de ladestruición de las Indias(Sevilla, 1552)
En 1541 escribe fray Toribio de Benavente (¿1490-1565?) sus tres tratados y carta proemial, que se han titulado Historia de los indios de la Nueva España. Este franciscano, apodado Motolinía ('el pobre') por los indios, fue recibido en 1524 por Hernán Cortés, entre doce franciscanos que venían a evangelizar América. A lo largo de sus escritos, defiende a los indios con mezcla de paternalismo y
Historia general de las Indias y conquista de México (Zaragoza, 1552)
Denuncia los abusos de los españoles al final del segundo tratado, pero se opone a Bartolomé de las Casas y justifica el punto de vista de los conquistadores. Contra las Casas se alza abiertamente el cordobés Juan Ginés de Sepúlveda (1490-1573), cuyo Democrates alter, sive de iustis belli causis apud Indos circuló manuscrito y defendió la guerra contra el indio y la hostilidad ante su conducta. Estos escritos latinos permanecieron inéditos hasta 1780. 6.- Nunca visitó América el soriano Francisco López de Gómara (1511-1565), pero la información que, personalmente, le facilitó Hernán Cortés le permitió publicar una Historia general de las Indias y conquista de México (1552), plagada de alabanzas a este conquistador y prohibida por el Consejo de Indias.
Relación y comentariosde Cabeza de Vaca
7.- Debió ser andaluz Álvar Núñez Cabeza de Vaca (1507-1559). En Zamora publicó su Relación (...) de lo acaecido en las Indias... (1542), que se reelaboraría como Naufragios de Álvar Núñez Cabeza de Vaca y Comentarios del mismo Núñez, adelantado y gobernador de la provincia del Río de la Plata (Valladolid, 1555). Narra en los Comentarios su expedición de 1527-1537 al Norte de México, más allá de Florida. Justifica su actitud frente a la de Panfilo de Narváez. Los Comentarios tratan una segunda expedición, en 1540, hasta el Río de la Plata. Con ellos valoramos sus noticias sobre los indios americanos, flora, fauna, etc., y su abierta admiración por Julio César,
Comentarios de Álvar Núñez
8.- Entre los soldados más brillantes de Hernán Cortés destaca el vallisoletano Bernal Díaz del Castillo (1495-1584), autor de una Historia verdadera de la conquista de la Nueva España. Redactada en torno a 1555 -inédita hasta 1632-, su autor refleja la vivencia directa de episodios narrados también por Cortés. Lector de las primeras crónicas de Indias, tiene una doble perspectiva de los hechos, que le permite citar expresamente a López de Gómara para denunciar su visión. Refleja, además, lecturas de romances y libros de caballerías, con las que contrasta la realidad que vive.
Historia verdadera de la conquista de la Nueva España(Madrid, 1632)
Sin duda, los hechos narrados son emocionantes: de 1514 a 1550 la conquista americana queda plasmada en sus páginas, pero el verdadero encanto de esta Historia verdadera reside en la capacidad de acercar esa realidad: la personalidad de Montezuma (sic), la disciplina militar, la falta de recursos o alimentos, la sorpresa ante una realidad insospechada... Es, en definitiva, la expresividad de Bernal Díaz la que le hace ser, posiblemente, el mejor escritor de su época en esta materia. 9.- Entre 1547 y 1569 debió redactar Fray Bernardino de Sahagún (1500-1590) su Historia general de las cosas de Nueva España, inédita, por perdida, hasta 1829. Lo que hace extraordinaria esta obra es la capacidad de su autor para comprender la cultura azteca, aprendiendo sus jeroglíficos, referencias astrológicas, teología, agüeros, e incluso su lengua.
Aztecas en tiempos deBernardino de Sahagún
10.- Otros cronistas fueron Pedro Cieza de León, autor de una Crónica del Perú (1553): Agustín de Zárate, que en 1555 publicó su Historia del descubrimiento y conquista del Perú, y José de Acosta (1540-1600), a quien debemos una Historia natural y moral de las Indias (1590), sobre los indígenas de Perú y México.
D.Miguel Pérez Rosado.Doctor en Filología
lunes, 12 de julio de 2010
martes, 25 de mayo de 2010
jueves, 27 de agosto de 2009
DISCUSIONES LITERARIAS
sábado, 22 de agosto de 2009
ANALISIS LITERARIO
Genre poétique hispano-américain qui imite les payadas (ballades que chantaient traditionnellement, sur accompagnement de guitare, les gauchos errants en Argentine et en Uruguay). Le terme inclut, par extension, le fonds littéraire sud-américain qui traite du mode de vie et des conceptions des gauchos. Le gaucho, qui avait longtemps fait partie de la littérature populaire sud-américaine, devint au XIXe siècle le thème de quelques-uns des meilleurs vers de la période romantique. La vie du gaucho trouve dans trois poèmes de Rafael Obligado (1887) sur le gaucho légendaire Santos Vega sa plus haute expression poétique. Le gaucho a été dépeint avec humour dans Fausto (1866), épopée pastiche d'Estanislao del Campo. Par la suite, le thème du gaucho injustement pourchassé hors de sa pampa fut traité sur le mode épique dans le célèbre poème de José Hernández (1834-1886), Martín Fierro (1872-1879).En prose, le premier à utiliser sérieusement l'inspiration gaucho fut Domingo Faustino Sarmiento avec Facundo (1845), une description classique du conflit culturel entre la vie sauvage des pampas et les forces civilisatrices de la ville. Ce thème du conflit entre un monde de traditions et l'époque moderne inspira une littérature riche et variée.(...)
JOSÉ HERNÁNDEZ

Comme tous les écrivains de l'époque, la vie de José Hernández et son œuvre sont inséparables de l'histoire argentine du XIXe siècle. Les écrits des auteurs argentins ne sont que les manifestations littéraires d'un combat politique quotidien auquel l'écrivain consacre souvent toutes ses énergies.Vaincu par la disparition progressive du gaucho dont il s'était fait le passionné défenseur, Hernández assista à la montée croissante de son héros fictif : Martín Fierro. Ce personnage typiquement argentin n'est pas sans ressemblance avec le don Quichotte de Cervantès.Écrite en deux parties de tonalité différente, son œuvre témoigne d'une réalité nationale en pleine mutation. Elle obtient immédiatement une audience populaire extraordinaire, et chacun des héros dépasse rapidement en notoriété son créateur pour atteindre une dimension universelle et mythique.Civilisation ou barbarie ? À la suite de la lutte d'indépendance, l'Argentine se trouve brusquement confrontée à elle-même. Elle s'engage dans une longue guerre civile, où interviennent des particularismes régionaux, des ambitions personnelles et des intérêts économiques peu avouables, avant d'atteindre un semblant d'unité nationale.(...)
ANALISIS LITERARIO

L'écrivain colombien Gabriel García Márquez appartient à la récente génération de ces romanciers latino-américains qui ont su se faire lire et entendre hors de leur pays en donnant un nouveau souffle au genre narratif. Le cas de García Márquez est d'autant plus remarquable que la vaste audience qu'il a acquise depuis la publication de Cien Años de soledad (Cent Ans de solitude, 1967), il la doit à la création d'un univers romanesque très particulier, ce qui n'est pas le moyen le plus facile de toucher un large public. En effet, même s'il peut prendre une signification générale pour n'importe quel lecteur, le monde fictif de García Márquez reste a priori nettement colombien dans sa matière et son esprit. Or, et c'est là un autre intérêt de cette œuvre, la manifestation d'une réalité et d'une mentalité locales y est également fort différente de l'indigénisme qui a marqué l'histoire du roman latino-américain, surtout dans la première moitié du XXe siècle, et en limitait singulièrement la portée. García Márquez a trouvé une manière de conter, appelée par certains « réalisme magique », qui élève une réalité identifiable dans le temps et l'espace à la valeur de mythe universel.(...)
JULIO CORTÁZAR

Le conteur et romancier argentin Julio Cortázar est un franc-tireur de la littérature. Cas complexe et personnel d'insurrection permanente contre les lieux communs, la passivité d'esprit, il rend vie au verbe en créant son propre langage. Son humour subtil, destructeur, sa vision dramatique de l'homme moderne, son inquiétude ontologique alliée à une observation aiguë du quotidien créent des contes originaux, un roman mouvementé et métaphysique. Ses fictions traitent les problèmes de l'homme américain actuel, et les placent sur un plan universel. Devançant tous ses contemporains d'Amérique latine dans le risque et l'innovation, il échappe à toute nomenclature et offre, selon le jugement d'un critique américain, « la plus puissante encyclopédie d'émotions et de visions qui émerge de la génération d'écrivains internationaux d'après-guerre ».Une curiosité universelleNé à Bruxelles en 1914, instituteur, puis professeur d'enseignement secondaire dans la province argentine, Cortázar renonce, par antipéronisme, à une chaire universitaire, s'occupe ensuite de la Chambre argentine du livre à Buenos Aires, puis termine en un temps record ses études de traducteur, et s'installe à Paris en 1952.(...)
miércoles, 19 de agosto de 2009
LOS ESTUDIANTES NARRAN
Era una casa oscura, situada en la cima de una colina cercana a la cuidad, no tenía una apariencia muy acogedora, por el contrario era un lugar frió y parecía abandonado, no obstante allí vivía una anciana de avanzada edad, la cual estaba en esta casa desde su nacimiento.
Ella vivía sola, algunas veces la visitaba una mujer mayor que organizaba un poco la casa, luego de esto se iba y todo permanecía en silencio, así transcurría el tiempo lentamente, mientras la anciana llamada Clementine tejía y recordaba los sucesos pasados en su hogar, que eran un gran misterio para las personas que vivían en esta ciudad, ya que habían varios rumores de muertes sospechosas y noches extrañas que pasaron en el transcurso de los años, mientras la familia Mort habitaba allí y poco a poco se fueron extinguiendo sin divulgar, aceptar o explicar algún hecho ocurrido.
Las historias eran tan complejas que llegaron a oídos de la revista Life, donde Brandi se interesó mucho por este tema y decidió hacer un artículo del lugar que causaba tanta polémica en Blackfoot
Al llegar a la mansión, sintió un leve temor y una gran curiosidad sobre la arquitectura y los relatos de la casa, se llenó de valor y acercándose a la puerta tocó suavemente pero nadie respondió. A los pocos segundos, salio la criada, una señora mayor, de pelo negro con algunas canas, con una ropa un poco descuidada al igual que su aspecto. Pregunto a Brandi en que le podía ayudar. Al contarle sobre su inesperada visita la hizo pasar y esperar en la sala principal, mientras le informaba a Clementine de la compañía que tendría durante este día.
La anciana se sorprendió, no se notó su expresión gracias a sus arrugas, pero no se rehusó a hablar con la joven periodista. Al paso de algunos minutos bajó Clementine. Brandi notó su vestimenta elegante pero oscura, muy sobria, que hacia juego con su pelo blanco y largo. Se presentó, le comentó sobre el articulo y los rumores dichos de esta casa; tomaron asiento en unos muebles de madera rústicos muy antiguos, podrían llegar a tener 50 años o mas, posiblemente un siglo. Sin importar mucho la respuesta Brandi comenzó a hacer preguntas a las cuales Clementine respondía lentamente con algunos suspiros muy notorios, pero a su vez contaba una historia magnifica. Comentó que su familia vivía allí desde el siglo XIX, era prácticamente la familia mas vieja de la región, pasó de generación en generación donde habían muerto en todo el transcurso del tiempo aproximadamente 60 personas, no solo por muertes naturales, también comentó algo que sucedió, cuya historia ha sido la mas polémica ocurrida en este lugar, era relacionada con un robo y varias muertes de personas de edades avanzadas.
Al comienzo de la historia se notó su expresión de dolor y angustia al recordar tal suceso, esto no impidió que continuara el relato:
- Fue una tarde muy fría, acababa de morir un pariente cercano, así que salimos a su funeral……. eso fue hace ya tanto tiempo, al regresar a casa todo estaba muy silencioso, con gran asombro entramos a nuestra casa y descubrimos mucha sangre en la habitación principal, da la casualidad de que es en el mismo lugar en donde esta UD Situada señorita.
Brandi se incomodó un poco, pero hizo que la anciana continuara con su relato.
- Descubrimos 10 personas muertas en esta casa, en medio del desespero y el temor que sentíamos, alguien de nuestra familia recurrió al suicidio. Intentábamos tener una solución no tan dramática, solo que no encontramos una explicación lógica a lo sucedido.
Hubo un momento de gran silencio, y se escucharon ruidos provenientes del pasillo, eran como susurros de pena; la situación se empezó a tornar un poco tenebrosa, en el paso de algunos minutos Clementine no pronunció palabra alguna, solo se escuchaba el pasar del reloj y su tic-tac.
Brandi en medio de su temor hizo alguna que otra pregunta sobre aquel día, mientras veía sombras y siluetas que pasaban a lo largo de la pared, ella se intimidó y pensó en retirarse de aquel lugar, cuando de repente la anciana se puso de pie y pidió permiso por un momento para retirarse de la sala, mientras subía la escalera esta emitía un sonido muy particular al pisarla.
Brandi observó varias pinturas y retratos que adornaban la habitación, pero en medio del silencio era inevitable no escuchar los extraños sonidos emitidos desde rincones oscuros, sótanos, áticos o lo que produjera tales ruidos, posiblemente podía ser su imaginación o muy probable que fueran las puertas al abrirse o cerrarse; pero hubo un extraño ruido, algo que no se podía ignorar, fue como una gran pelea, luego de esto el silencio nuevamente invadió la casa, pasó un largo rato, incluso varios minutos y parecía que la casa estuviera des habitada, Brandi comenzó a llamar a Clementine pero al no escuchar respuesta alguna subió al segundo piso de la mansión, entró a un gran cuarto donde vio una imagen dibujada muy impactante: en una cama de sabanas blancas, donde había una hermosa mujer desnuda aparentemente muerta, al girar un poco su cabeza observó la misma imagen solo que esta vez no era una pintura o un retrato, era Clementine, desnuda en medio de una cama blanca por completo, y muerta. Brandi no soportó tal imagen y se retiró de inmediato del lugar.
Ella no mencionó nunca aquel terrible y extraño suceso, sin embargo la casa aún perdura, pero sus historias y misterios serán siempre eso y nunca dejarán de generar temor a aquellos habitantes de Blackfoot.
MARIANA MEJIA
GRADO 10º
C.C.F
martes, 2 de junio de 2009
ANALISIS LITERARIO
Las vanguardias son una serie de movimientos artísticos que surgen en Europa y Latinoamérica en la primera mitad del siglo XX. Éste fue un período de tiempo determinado por la guerra, y de ahí viene el hecho de que el nombre de esta manifestación sea una expresión militar usada para llamar a los soldados que están adelante en la formación de un ejército. Lo anterior significa que los también llamados “ismos” están a la delantera creativa para luchar por su libertad de expresión y enfrentarse a cualquier parámetro que haya sido establecido.
Estos movimientos no tienen un orden cronológico, y aunque cada uno tiene un concepto estético diferente, comparten sus fundamentos. Uno de ellos es la necesidad de innovar y de romper las normas estructurales y conceptuales de manifestaciones anteriores. Se pretende ir más allá, pues hay una inconformidad con lo que ya está creado, lo que lleva a que los “ismos” sean experimentales y no académicos. En la literatura, por ejemplo, se distorsionan las estructuras de la narrativa y se deja a un lado la métrica en la lírica, para darle más importancia al contenido, jugando constantemente con lo simbólico y la metáfora.
En Europa, los principales movimientos fueron el impresionismo, el expresionismo, el dadaísmo, el surrealismo, el cubismo, el futurismo y el fauvismo; y, en Latinoamérica, el creacionismo, el ultraísmo, el estridentismo y el antropofaguismo. Es importante aclarar que el vanguardismo en América latina, a diferencia de otras manifestaciones, no fue una extensión del movimiento europeo, sino que tuvo su propia identidad y su propia producción, además de que hubo latinoamericanos como Vicente Huidobro que fueron los creadores de algunos “ismos” europeos.Como todas las expresiones artísticas, las vanguardias están determinadas por el contexto histórico. Así, los artistas de la época querían recuperar al hombre con sus pasiones, su inconsciente, su individualidad y su libertad, cuando el sistema capitalista, que había llegado hasta el extremo de una guerra mundial, ponía en primer lugar la producción y el dinero. Había un rechazo hacia la cultura burguesa y por lo tanto hacia su arte protocolario. Además, era una época en la que la ciencia y la tecnología avanzaban cada vez más rápido, lo que generaba en la sociedad un espíritu vertiginoso de cambio y renovación que se reflejaba en el arte que era cada vez más original e innovador. Pero fue este mismo espíritu el que hizo que cada “ismo” caducara rápidamente, dándole lugar a otros nuevos, que en la búsqueda de romper los esquemas uno tras otro, fueron desapareciendo también, quedando del vanguardismo solamente algunas influencias en el arte contemporáneo.
LUISA SALDARRIAGA
11º
miércoles, 29 de abril de 2009
LOS ESTUDIANTES NARRAN
SEGURIDAD SEGUN LOS “PELAOS” DE CASTILLA
En el balcón de la casa de mi abuela, mi abuelo observando hacia el horizonte, me contaba como hace menos de 2 décadas se enviciaron desde niños la mayoría de “malosos” que asechan y asechaban todas las noches al barrio Castilla de Medellín, me decía que cada uno empezó a fumar marihuana desde mas o menos los 11 años en la quebrada del frente de la casa, y hacían “Vaca” para comprarse un cigarrillo entre todos, cuando empezaron a crecer, se volvieron violadores y atracadores, cada uno formo su banda, y se empezaron a odiar entre ellos mismos, por temor a que los echaran del barrio se tuvieron que armar y muchas veces se sobrepasaron con la misma comunidad implantando el terror, poco después la mayoría fueron asesinados, por los mismos amigos, por gente de las otras bandas o por la misma policía. En la actualidad quedan muy pocos “pelaos” de esos, me decía mi abuelo yéndose con su mente a un lugar en el que vivió años atrás y agradeciéndole al destino su formación de padre a hijo, ya que esto ayudó para que sus hijos fueran unos de los mas afortunados del barrio, por no haber participado de todos estos actos delictivos por decirlo de así, de los que fue testigo el barrio entero.
Ahora se ven bandas y a pesar de que no dejan de hacer cosas malas, son mas colaboradores con la comunidad, hasta muchas veces ellos son capaces de proteger mas el barrio de lo que lo puede llegar a hacer la misma policía, él me decía que la mayoría de personas que ahora habitan en el barrio saben quien es el que mata, atraca, viola etc., hasta sabe donde vive y quien es la mama, y si alguien de la comuna necesita ayuda simplemente puede pedir que venga de ellos.
Mi abuelo me seguía narrando toda su historia con pelos y señales y me decía que esa gente ha estado siempre ahí, desde que Pablo Escobar comenzó la guerra y formo sicarios, y me recordaba que esos años siempre fueron mas peligrosos y que lo que me ha tocado a mi no se acercaba mucho a lo que se vivía en esa época en las comunas como Castilla, mi abuelo con una sonrisa en la cara se alegraba de que esos años ya habían pasado y me decía que nunca pensara en meterme en un grupo de esos, que por lo menos yo estaba un poco mas alejado de ese tipo de cosas y que plasmara toda mi inteligencia en el estudio, para poder ser alguien en la vida y no necesariamente tener que matar para poder comprarme el gramito de basuco o de perica.
Al final me di cuenta de que él tenía la razón, ya que eso que se había vivido era difícil de inventar, mientras los dos estábamos en el balcón me mencionó nombres de varias bandas que son amigas de la familia y me señaló personas que tienen secuelas de miembros rotos por culpa de una guerra que se empezó a vivir en una época ya pasada.
Pablo Federico Taborda A.
LOS ESTUDIANTES NARRAN
CRÓNICA DE UN EXILIO
Quiero contar la historia de una de tantas personas que han tenido que irse de Colombia y dejar su familia, su carrera, sus recuerdos y hasta sus ideales para proteger su vida, pues su sed de justicia, y sus palabras osadas fueron ahogadas en el país de de las bocas cerradas. Esta es una historia, que como muchas, se ha ido con el periódico de ayer y se ha quedado solo en la memoria de quienes fueron testigos de una candente lucha por la dignidad humana.
Debo empezar entonces desde el principio. Martha era una estudiante de Derecho de la Universidad de Antioquia, que como muchos jóvenes en la década de los 80, estaba muy interesada en el asunto de los Derechos Humanos, pues la situación por la que pasaba el país generaba muchísimas inquietudes al respecto. En esta época, Colombia estaba en un fuerte enfrentamiento armado entre el gobierno y grupos guerrilleros como las FARC, el ELN, y el M19, que era el más pequeño pero el más influyente de los anteriormente mencionados. Entonces, aparecieron iniciativas de negociaciones de paz, pues algunas personas que hacían parte de las guerrillas se estaban cuestionando el significado y el alcance de la lucha armada, y estaban planteando la posibilidad de convertirla en una lucha política de izquierda. Por otro lado, empezaron a surgir movimientos fuertes de reflexión sobre los Derechos Humanos, y aunque el gobierno creó, por presión internacional, una Consejería Presidencial para Derechos Humanos, algunos grupos, no gubernamentales y sólidos, que trabajaban voluntariamente por la defensa de éstos, eran los que tenían más fuerza y presencia en el país. En Medellín, en particular, estaba el Comité Permanente de Derechos Humanos, encabezado por personajes importantes en este campo como Héctor Abad Gómez y Leonardo Betancur, que trabajaban en conjunto con un grupo de abogados, entre ellos Martha, que defendían especialmente a personas, como sindicalistas y líderes comunitarios, que eran acusadas de rebelión, pues hablar de derechos humanos, y más por esos años, significaba ser guerrillero.
Martha intervenía en situaciones muy delicadas, por ejemplo, en las detenciones ilegales, pues en la constitución anterior a la de 1991, no había reconocimiento de los derechos y, por lo tanto, existía lo que se llamaba el Estado de Sitio, que era un derecho que adquiría el gobierno para actuar a su parecer, por encima de las leyes y de las personas, cuando considerara que el país se encontraba en situación de peligro y por esto se permitía que los comandantes militares, fueran del ejército o de la policía, pudieran dar órdenes de detención sin una orden judicial previa, lo que se prestaba, por lo tanto, para que se detuvieran personas probablemente inocentes sin que tuvieran derecho a defenderse y además hubieran, durante estas detenciones, actos como desapariciones y torturas, pues al no haber ningún respaldo legal, no había forma de que los organismos de control se enteraran, ni de encontrar a un responsable. Entonces, Martha y sus compañeros se encargaban de comunicar a instituciones como la Procuraduría, cuando una persona era detenida, señalando, así, a los responsables, en caso de que algo extraordinario sucediera. Además, se denunciaban los hechos a las Naciones Unidas y a los organismos internacionales de Derechos Humanos, ensuciando, así, la imagen de Colombia ante el mundo. Estos actos desafiantes enfurecían a las autoridades militares, quienes, intentando silenciarlos, los inculpaban de pertenecer a los grupos guerrilleros, argumentándose en el hecho de tener un pensamiento de izquierda.
No obstante, los defensores de los derechos humanos no estaban de acuerdo con la lucha armada y, aunque en un principio, Martha y sus compañeros fueron mediadores en la liberación de secuestrados (acto que los involucraba mucho más ante los ojos de las autoridades), desistieron de esto, pues los grupos armados al margen de la ley incumplían los acuerdos establecidos, negociando, por ejemplo, la liberación de personas que ya habían sido asesinadas. Los hechos anteriormente mencionados, eran denunciados de la misma manera que los de las autoridades, y por consiguiente, el Comité y sus miembros, se convirtieron en el blanco, no solamente del gobierno, sino también de los grupos guerrilleros y paramilitares.
Pero, la verdadera cacería de brujas se desencadenó después de un hecho que marcó la historia de los Derechos Humanos: El asesinato de Héctor Abad Gómez y Leonardo Betancur. 1987 fue uno de los años con mayores índices de asesinato en Medellín, y muchos de éstos fueron debido a la persecución que estaban haciendo los grupos paramilitares a los sindicatos y a todas las personas que tuvieran que ver con ellos, por el hecho de ser de izquierda. Uno de sus blancos principales era el sindicato de maestros, del que hacían parte 34 maestros que fueron asesinados en ese año y entre ellos el presidente de ADIDA, Luis Felipe Vélez.
Cuando Luis Felipe murió, celebraron su funeral en la sede del sindicato y obviamente en éste iba a estar presente el Comité de Derechos Humanos. Por esto, los paramilitares vieron en este evento la oportunidad perfecta para eliminarlo. Sin embargo, Martha y todos sus compañeros recibieron una llamada que les advertía el peligro que corrían si asistían al funeral, y aunque muchos salvaron su vida por haber acatado la advertencia, Héctor y Leonardo hicieron caso omiso de ella, y por lo tanto, murieron esa tarde en la puerta de ADIDA.
A pesar del vacío que dejaron los difuntos y de la tristeza que llenaba los corazones justos, después de la muerte de sus líderes, el Comité Permanente de Derechos Humanos siguió funcionando, pero muy pronto las amenazas fueron aumentando y la presión creciendo.
Comenzaron, entonces, los allanamientos, que se realizaban estratégicamente los viernes por la tarde, pues el fin de semana iban a estar cerrados los juzgados y las oficinas de las instituciones encargadas del control, y por lo tanto, las personas allanadas iban a estar mas vulnerables. En varias ocasiones, la policía entró a la casa de Martha por el solar, para buscar allí armas, drogas o cualquier cosa que la inculpara de hacer parte de grupos ilegales, para poder, de esta forma, silenciarla. Cuando llegaban, le apuntaban con un arma a su padre, para que no se moviera. Él agradecía que su esposa trabajara como voluntaria los viernes por la tarde, porque tal vez no soportaría presenciar una situación de tal magnitud. A Martha, intentaban inmovilizarla de la misma manera y ella argumentaba que en su casa, podía moverse cuando quisiera. Y como era muy buena abogada y muy astuta, sabía defenderse y no permitía que allanaran su casa antes de que llegara un funcionario de la Procuraduría, entonces, llamaba a un funcionario que era amigo suyo para que revisara todos los procedimientos y no permitiera que se le asignaran pruebas falsas, pues una vez intentaron acusarla por tener un arma que no era suya. Afortunadamente, nunca pudieron involucrarla, pero la actitud de Martha provocaba cada vez más la ira de quienes lo intentaban.
Un día, por ejemplo, fue citada por el comandante de la policía de Medellín, quien le dijo que debía ser mucho más prudente y le recomendó que se cuidara porque ellos le estaban siguiendo los pasos para probar que estaba metida en actos ilegales, a lo que Martha, para desafiarlo, le respondió que él también estaba involucrado en negocios ilegales, pues estaba fumando cigarrillos de contrabando. Resulta que el comandante tenía una cajetilla de cigarrillos Malboro en su oficina, cuando en ese entonces la importación estaba prohibida.
Estas acciones provocadoras hacia las autoridades militares, más la defensa de los detenidos ilegales y la denuncia de los actos de paramilitares y guerrilleros fueron colmando la paciencia de quienes la buscaban, su situación fue empeorando, su seguridad se estaba poniendo en riesgo y la tranquilidad de su familia se estaba acabando. Cada vez las amenazas eran más constantes. Había carros que rondaban su lugar de trabajo y la seguían por donde iba, entonces Martha tuvo que cambiar de vivienda, y cambiar todos los días la ruta y los horarios para llegar a su oficina en el edificio La Ceiba.
Un día fueron a buscarla directamente a su lugar de trabajo, en el que afortunadamente ella no estaba y este hecho fue el que impulsó a las personas que la conocían y la querían a sugerirle que se fuera del país, como lo habían hecho muchos de sus amigos, pues de no hacerlo no habría garantía de que su vida estuviera a salvo. Obviamente, esta no era una decisión fácil de tomar, pero la presión era mayor y Martha tenía que salir del país lo más rápido posible. Al ser abogada de Derechos Humanos pudo conseguir contactos con organizaciones internacionales que le ofrecieron acilo en Canadá y en Suecia. Ella pensó que Canadá era el lugar adecuado, pero necesitaba visa americana y no era muy probable que se la dieran, entonces tuvo que irse para Suecia, pero esto implicaba llegar a un país sola, sin saber mínimamente el idioma e implicaba también tener que adaptarse a una cultura, un estilo de vida totalmente diferente, además de perder su profesión y llegar a un programa de exiliados en el cual vivían de un subsidio. Afortunadamente, al llegar a este país en 1990, supo que el hecho de ser reconocida internacionalmente como abogada de Derechos Humanos le brindaba mejores condiciones, y podía, a diferencia de los demás exiliados, trabajar. Empezó como asistente en una investigación universitaria sobre conflictos latinoamericanos, y, mientras estaba en el programa de integración al país, además de que se enteró de que para poder trabajar como abogada debía volver a hacer la carrera y debía pasar por lo menos 10 años en Suecia para poder ejercer, empezó a involucrarse con los sistemas y decidió seguir trabajando en este campo, lo que le permitió con el tiempo conseguir su visa de residente, pero sólo 10 años después cuando se casó obtuvo la ciudadanía y adquirió todos los derechos.
Martha intentó volver en 1998 para trabajar, respaldada por una universidad sueca, con su colega Jesús María Valle en una investigación sobre dos masacres realizadas por los paramilitares en el municipio de Ituango en 1997, una en el corregimiento del Aro y otra en el de Santa Rita. Pero, cuando ya había hecho los trámites necesarios para trabajar en Colombia y cuando ya tenía todos los preparativos listos, se enteró de que a Valle, que había sido el líder del comité después de la muerte de Héctor y Leonardo, lo habían asesinado en su oficina. Esto hizo que Martha eliminara cualquier esperanza de volver a su país para luchar por sus ideales.
En la actualidad, ella trabaja diseñando software pedagógicos y administrando redes para instituciones educativas. Aunque no volvió a ejercer su profesión, está inscrita en el sindicato de abogados de Suecia y tiene los mismos derechos que cualquiera de ellos. Martha en su nueva patria tiene muy buena calidad de vida y sobre todo, tranquilidad, cosa que recibió a cambio de su exilio, pues Colombia no puede brindársela a las personas que buscan empedernidamente la verdad. Ahora, viene con su hija solamente a visitar a su familia, ingresando al país con cédula sueca, pues prefiere evitar que las autoridades se enteren de que ha regresado al país una defensora de los Derechos Humanos.
Luisa Fernanda Saldarriaga
LOS ESTUDIANTES NARRAN
Ni la lejanía los salvó.
Desde el interior de su cama, ella despertó bruscamente y escuchó como en el corredor de su casa se mueven unas vasijas de lata al parecer ollas vacías, murmullos, personas que sueltan sus equipajes que al parecer eran muy pesados, esto le asustó, pero, no sale, ni se asoma a la ventana, permanece en su cama tratando de volverse a dormir. A la mañana siguiente a eso de las 6, sus compañeras de habitación empiezan a arreglarse para comenzar su día de trabajo, ella es ultima en levantarse, pero cuando lo hace se da cuenta que en el corredor de su pequeña casa se encuentran mas de 30 hombres uniformados con botas, fusiles y demás implementos de campaña. Ella pensó…hasta esta lejana montaña ha llagado la guerra.
Nelly, es una mujer joven de 19 años maestra de una vereda lejana de un municipio del occidente Antioqueño, ella solo ha escuchado los problemas de guerrilla y narcotráfico por la radio, y a la cabecera municipal solo baja cada 30 días a reclamar su salario. En la vereda es considerada una líder la cual respetaban y admiraban.
Un día ella entró a su salón de clase y antes de empezar su labor fue interrumpida por uno de estos uniformados el cual pido hablar con los niños; este hombre era alto, trigueño, con mirada serena y se dirigió hacia a los niños con mucha propiedad, el se identificó como un miembro del ejercito popular de liberación EPL, les dijo que hacían y que buscaban y les enseñó un canción “la lora proletaria” la cual era un canción revolucionaria, esta fue muy aceptada por los niños, quienes los veían como unos verdaderos héroes, quizás por sus uniformes, sus armas, o por su firmeza al expresarse. Aunque Nelly vio con temor lo que estaba sucediendo no pudo hacer nada para detenerlo. Cuando los niños salieron para sus casas ya en el pequeño caserío no había nadie uniformado.
La vereda “Las Azules” estaba ubicada a 6 horas a caballo de la cabecera municipal, no era fácil ir y venir el mismo día, por ello muchos habitantes del sector ni siquiera se atrevían a salir de esta, además ellos pensaban que gracias a la lejanía de la cuidad y del progreso, las bombas, los ataques terroristas, el narcotráfico y Pablo Escobar solo era un problema de Medellín, sin saber que muy cerca de ellos estaban atrincherados los guerrilleros, con quienes tenían que compartir su comida, su vivienda, sus animales, sus tierras y no solo con ellos por que cuando el ejercito pasaba por allí ocurría exactamente lo mismo. Los campesinos no alcanzaban a diferenciar entre estas dos fuerzas antagónicas ya que sus vestimentas y procederes eran iguales.
Esta es solo una de las caras que tiene esta terrible guerra que aún tiene a nuestro país sumido en la barbarie.
Luisa Maria Bustamante Muriel
martes, 14 de abril de 2009
ANALISIS LITERARIO
LE SIÉCLE DES LUMIERES
XVIIIe siècle
(France et Europe)
Les graveurs sur bois, qui avaient joué un rôle éminent au XVe et XVIe siècles, ont à cette époque presque totalement disparu. On les retrouve uniquement dans les vignettes décoratives de quelques livres, dans l'ornementation. En effet, comme au cours du XVIIe siècle, la taille-douce demeure le procédé le plus courant. Cependant, à l'aube du XVIIIe siècle, en schématisant quelque peu, se dessinent deux grandes familles de graveurs : ceux qui manient le burin pour réaliser des gravures d'interprétation, et ceux qui utilisent l'eau-forte pour créer des gravures originales.
Mais quelque soit la technique choisie, l'image est désormais devenue un mode de communication évident dans l'Europe entière. Elle devient incontournable pour la diffusion des idées, des modes de pensée, des courants religieux ou politiques... Certains, comme Mercier dans ses Tableaux de Paris, iront même jusqu'à déclarer qu' « il se fait, de nos jours, un abus ridicule de la gravure ». A chacun d'en juger.
En outre, le XVIIIe siècle s'impose comme un siècle de prestige pour la culture française : ses philosophes, ses artistes, ses écrivains rencontrent des admirateurs dans toute l'Europe. Au début de ce siècle, on observe, malgré cette tendance, une relative dichotomie entre les philosophes qui font le procès de leur temps et préparent les révolutions à venir, et les graveurs qui se complaisent dans des compositions très délicates et charmantes, sans remise en cause d'un certain idéal.
Dans cette conjoncture, l' estampe et la vignette en particulier connaissent un grand succès. Ce sont, en fait, les dessinateurs qui semblent pendant un temps imposer leur style et conduire l'évolution de la gravure. Gravelot, premier grand illustrateur professionnel du siècle, se définira lui-même comme « dessinateur par goût et graveur par nécessité ». Cette vogue est si forte que certains peintres semblent avoir composé leurs tableaux avec la préoccupation évidente de les faire reproduire pour une large diffusion : les motifs s'en ressentent et l'on y observe des scènes propices à la copie miniature, des subtilités propres à la « gravure en petit ».
Dans ce même esprit de vulgarisation, les formats des livres se réduisent de manière significative dans la première moitié du siècle, afin d'en faire baisser le coût. Visant ainsi une part plus large de la population, l'illustration se démocratise et s'impose progressivement comme élément indispensable du livre ; s’y développe la grande vogue des vignettes, notamment dans les almanachs, très populaires en ces temps.
Almanach des dames pour l'an XIV = 1806
Tubingue : J.G.Cotta, [1806].
Fonds de conservation : MUT 0081
Parallèlement à cette édition démocratique, se développe la publication d'ouvrages de bibliophilie : qualité du papier, choix du format, élégance de la typographie, harmonie de la mise en page, soin accordé à l'illustration et à l'ornementation... tout concourt à la beauté du livre.
Cette mutation s'opère dès 1719, avec une édition des Fables de La Motte, illustrée par des vignettes de Gillot. Ses petites pièces carrées d'une imagination très riche possèdent une liberté et une grâce nouvelle, qui va permettre de renouveler le genre.
Il faut attendre 1734 pour voir apparaître une version de Molière en six volumes, enrichie par des compositions de Boucher pleines de vie et de légèreté.
Viennent ensuite, en 1755, les Fables de La Fontaine, illustrées par Oudry, qui marqueront également un tournant dans l'histoire de l'illustration. Les estampes de cet artiste devaient orner "l'édition la plus parfaite et la plus élégante qui fût", hommage rendu au fabuliste plus d'un demi-siècle après sa mort. Animalier du Roi, professeur de peinture à l'Académie royale, directeur de la Manufacture de Beauvais pendant vingt ans, Jean-Baptiste Oudry offre ici une interprétation remarquable des Fables de La Fontaine. Dans ses scènes, il sait capter les instants les plus significatifs des Fables, et les animaux sont rendus avec une finesse inégalée. Très fidèle au texte, son interprétation graphique se veut cependant surtout décorative afin de souligner l'ambiguïté de la mise en scène des récits, qui allient le naturalisme des tableaux à la fantasmagorie des mythes qu'ils représentent.
A cette époque, de nouveaux artistes commencent également à travailler au renouveau de l'illustration du livre : Eisen, Gravelot, Moreau le Jeune et Cochin vont donner au livre illustré français un prodigieux essor.
« Eisen réalise sa première œuvre importante d’illustration en 1751 : ce sont les dessins de l’Éloge de la Folie . De tous ces artistes, Eisen est celui qui réunit à la fois le plus de grâce, de finesse et de perfection. Cependant, ce qui donne à Moreau le pas sur Eisen, c'est la variété et la souplesse de son talent. Tandis qu'Eisen, qui excellait dans les sujets voluptueux et savait leur donner un charme inexprimable et abouti, le tout exécuté avec un velouté qu'on ne retrouve nulle part, on est forcé de convenir que son talent ne se prêtait généralement ni aux sujets tragiques, ni aux sujets comiques, ni à rien de ce qui tient à l'expression ; alors que Moreau, avec moins de fini qu'Eisen, a réussi dans tous les genres qu'il a traités.
Gravelot, qui a aussi exercé son art pendant une longue suite d'années, a été très fécond. Doué d'un talent étendu dans de nombreux genres, Gravelot manque peut-être un peu de cette délicatesse de burin qui fait le charme d'Eisen et de Moreau.
Ayant commencé le travail d’illustration très jeune, Cochin a fourni une très longue série d’œuvres. Aussi peut-on compter jusqu'à trois styles distincts dans la vie de cet artiste : la première, qui finit vers 1740, est proche de la raideur des peintres du XVIIe siècle, qui ont sans doute constitué ses premières références plastiques. La seconde, qui offre, parmi ses plus beaux résultats, l' Almanach iconologique, joint à cette perfection du trait beaucoup plus de charme. La troisième manière de Cochin, dont le principal exemple est l’illustration des Aventures de Télémaque, a sans doute un caractère de noblesse qu'on ne saurait lui contester ; mais elle pèche par le trop de grandeur des figures relativement au cadre des estampes, la rondeur et la plénitude des têtes, le manque d'expression, et parfois la froideur qui dépare ses productions. En revanche, la magnificence des frontispices que Cochin a exécutés pour certains ouvrages in-quarto et in-folio n'a été atteinte par nul autre. »
(source : Henry Cohen, Guide de l'amateur de livres à vignettes (et à figures) du XVIIIe siècle , 4° édition, Paris, éd. P. Rouquette , 1880).
De cette avant-garde, Moreau le Jeune est sans doute le plus complet : il est à la fois dessinateur, graveur original, et graveur de reproduction. Il réalise également de subtils encadrements pour ses vignettes. Car la mode a substitué au simple filet une bordure très élaborée, faite d'éléments végétaux ou simplement ornementaux.
Cette fantaisie se déploie également dans les en-têtes, les culs-de-lampe et les bandeaux. C'est là le triomphe du livre illustré au XVIIIe siècle. C’est dans cet art particulier que subsiste la gravure sur bois. Dorénavant, on considère les xylographies uniquement comme des pièces décoratives de bon marché… Il n’y a donc guère de nom de graveur sur bois connu au XVIIIe siècle, en-dehors de Jean-Michel Papillon. Artiste hors-pair dès son plus jeune âge – il commence la gravure sur bois en cachette à l’âge de 9 ans – il grave fleurons, culs-de-lampe et petits sujets décoratifs avec une dextérité inégalée jusqu’alors.
Mais à la fin du siècle, le public commence à se lasser de ces dessinateurs dont le badinage vire parfois au poncif, ainsi que de l'indifférence avec laquelle ils passent d'un auteur à un autre sans jamais remettre en cause leur style pictural. Le goût se porte alors progressivement vers d'autres ouvrages, comme les grands recueils de voyages. Ce goût accompagne l'essor de l'illustration documentaire, où l'image devient aussi importante que le texte. La gravure sur cuivre y acquiert ses lettres de noblesse à travers des entreprises éditoriales comme L'Histoire naturelle, par Buffon, ou encore L'Encyclopédie de Diderot et d'Alembert. Ainsi, dès l'annonce de sa publication, Diderot pose d'emblée le principe : « le peu d'habitude qu'on a et d'écrire et de lire des écrits sur les arts rend les choses difficiles à expliquer d'une manière intelligible. De là naît le besoin de figures ». On comprend dès lors mieux tous le soin accordé à la réalisation de ces planches.
Denis DIDEROT et d’ALEMBERT
L’Encyclopédie ou Dictionnaire raisonné des sciences, des arts et des métiers
Paris : Briasson puis Ranckoucke, 1751-1777.
Fonds anciens et précieux : LSC 149
Ce renversement du rapport de force entre texte et image aura même son théoricien : le philosophe allemand Lessing et son livre Laocoon ou les frontières de la peinture et de la poésie (1766), dont l'influence sera considérable en Europe. Il y oppose la peinture, soumise au principe de simultanéité, qui représente des corps dans un espace, et la poésie, soumise au principe de diachronie, qui représente des actions se succédant dans le temps. Il poursuit sa réflexion en terme de langage : le peintre utilise un vocabulaire basé sur la reproduction mimétique de la nature, tandis que le poète emploie un langage composé de signaux arbitraires.
Au-delà de ce concept philosophique, l'illustration est toujours handicapée par la lourdeur de sa reproduction : l'eau-forte est nécessaire à la rapidité du style et de l'exécution, cependant le burin reste nécessaire pour consolider les tailles des planches à fort tirage. Ainsi, hors du livre et dans le livre, la technique et partout la même : une préparation à l'eau-forte, terminée ensuite avec des rehauts de burin. De ce fait, la gravure sur acier commence à se répandre. Ce métal étant en effet plus résistant que le cuivre, il permet d'obtenir un plus grand nombre d'épreuves. D'autre part, le rendu de cette technique est d'une grande précision, parfois d'une netteté un peu sèche selon certains artistes, d'où son utilisation pour la réalisation de cartes géographiques, notamment.
Parallèlement, se développent des techniques visant au fac-simile : manière de crayon, de pastel, de lavis... qui préparent les avancées technologiques à venir courant dès le début du XIXe siècle.
Abrégé historique et iconographique de la vie de Charles V duc de Lorraine dédié à son altesse royale Léopold 1er, son digne successeur
Nancy : Charlot et Deschamps, 1701.
In-folio de 29 planches gravées
Reliure pleine basane fauve marbrée, dos à gros nerfs, tranches jaspées
Fonds de conservation : MUT 1265
Attribué à un certain de Pont, gentilhomme portugais, cet in-folio célèbre la grandeur de la lignée de son dédicataire, Léopold 1 erdit le Bon. Tout y est pensé en ce sens, à commencer par la taille de l’ouvrage. Les gravures sont réservées aux belles pages et en emplissent tout l’espace, accentuant le caractère spectaculaire de la mise en page. Réalisées par un certain Waldtman, dont l’orthographe varie d’une signature à l’autre, elles proposent plusieurs niveaux de lecture par un habile jeu de construction. Le décodage de la planche est proposé en regard : on y lit les explications pour appréhender les différents éléments représentés. Véritable mosaïque des hauts faits d’armes de Charles V, l’ouvrage relate les nombreuses batailles auxquelles il a participé à la tête de l’armée impériale.
Ainsi, la planche 6 est consacrée à la bataille de Salzbach de juillet 1675, épisode de la guerre de Hollande, au cours de laquelle le Maréchal Turenne trouva la mort face aux troupes impériales du général Montecuccoli. Dans le coin inférieur droit de la planche, l’artiste a représenté cette scène : un boulet de canon emporte le bras gauche de Saint-Hilaire et frappe mortellement Turenne au côté gauche. Une autre planche transcrit le passage de la Forêt Noire par Charles V en 1678, alors qu’elle était réputée impénétrable. Grâce à cette manœuvre, il put délivrer la ville d’Offenburg. Une des dernières planches de l’ouvrage est consacrée à la conquête de la Transylvanie, en 1687. S’en suivent enfin, des gravures représentant sa participation aux premières batailles de la guerre de la Ligue d’Augsbourg.
ans l’interprétation graphique, on peut noter que le canon des proportions des personnages n’est pas encore conforme à notre conception moderne. Les visages semblent souvent disproportionnés par rapport au reste du corps, comme pour affirmer que la représentation faciale prime sur le reste. Au demeurant, c’est bien d’un portrait historique qu’il s’agit…
Pierre-Rémond de MONTMORT
Essai d'analyse sur les jeux de hazard
Paris : Quillau, 1708.
In-quarto
Fonds anciens et précieux : RES F 625
Chanoine à Notre-Dame et membre de l’Académie de Paris, Pierre-Rémond de Montmort marque avec cet ouvrage les débuts du calcul de probabilités. C’est après avoir lu un résumé de vie du célèbre mathématicien Jacques Bernoulli (1654-1705) qu’il le rédige. Il y présente ses théories en trois chapitres, consacrés respectivement aux jeux de cartes, jeux de dés, et autres problèmes liés aux jeux de hasard. S’appuyant sur ces exemples pratiques et concrets, il propose les premiers développements des calculs combinatoires. Homme modeste, dans sa préface, il n’omet pas de vanter les mérites de ses prédécesseurs qui se sont déjà essayés à cette science du calcul des probabilités. De même, il cherche à démontrer l’intérêt philanthropique de ce sujet : « j’ai donc cru qu’il serait utile, non seulement aux joueurs, mais aux hommes en général, de savoir que le hasard a des règles qui peuvent être connues, et que faute de connaître ses règles, ils font tous les jours des fautes, dont les suites fâcheuses leur doivent être imputées avec plus de raison qu’au destin qu’ils accusent ».
Pourtant, il s’en tient uniquement aux jeux de hasard, et n’étend pas sa réflexion dans des domaines politiques, économiques ou moraux, comme aurait pu le faire Bernoulli.
Témoin du rôle que joue désormais l’illustration dans les livres, cet ouvrage de mathématique compte dans ses pages quatre vignettes purement décoratives, et réalisées par un artiste de renom : Sébastien Le Clerc. Placées en tête des différentes parties, elles servent tant à matérialiser la transition, qu’à offrir un certain divertissement au lecteur…
La vignette introduisant la première partie représente le jeu du lansquenet, jeu de cartes alors très couramment pratiqué. Dans sa composition parfaitement équilibrée, Le Clerc a représenté un mauvais perdant qui jette de rage ses cartes à terre et quitte la table de jeu. Ce mouvement d’humeur donne de l’énergie à la scène, où le décor parfaitement symétrique et la tenue stricte des personnages auraient tendance à produire une scène par trop figée. En effet, Sébastien Le Clerc est devenu un des principaux représentants de l’école esthétique française, prônée à Versailles, et où règne la rigueur du classicisme.
Comme pour mieux coller au propos, comble du hasard, cette vignette a été involontairement imprimée à l’envers !
Benoit PICART
Histoire ecclésiastique et politique de la ville et du Diocèse de Toul
Toul, A ,Laurent : [S.n], 1707
In-quarto de 710p.
Fonds de conservation : LSB 19
Œuvre d’un prêtre capucin, l’ornementation est limitée à l’essentiel, comme pour respecter le principe de pauvreté absolue auquel s’astreignaient ces frères. Ainsi, elle sert avant tout de support à la compréhension : cul-de-lampe, lettrines et bandeaux marquent les principales articulations logiques du texte. En outre, la même vignette xylographiée se trouve en début de chaque chapitre. Elle contient une scène composée de trois charmants putti, sujets très classiques dans l'ornementation du XVIIIe siècle.
Unique concession faite à la modicité de l’illustration, deux cartes à déplier sont réalisées en taille-douce par Guillaume de l'Isle, membre de l'Académie Royale des Sciences. Ce choix dans la technique utilisée est sans doute fait dans le souci d'apporter plus de précision à la représentation. Sur l'une de ses cartes, honneur suprême, on trouve le blason de Toul rehaussé d'or et de gueules (nom donné au rouge en héraldique).
Enfin, comme le veut la mise en page classique, un portrait frontispice représente le dédicataire : Monseigneur François Blouet de Camilly, évêque de Toul, conseiller du roi en son conseil d’état. Il faut savoir qu'à cette époque, le diocèse de Toul est le plus important et le plus riche de Lorraine, et regroupe plus de 760 paroisses. Aussi, en 1704, lorsque le roi le nomma, François Blouet de Camilly était-il déjà docteur en Sorbonne et grand-vicaire de Strasbourg.
Rajoutons encore, pour être exhaustif, la présence d'une lithographie de la cathédrale de Toul, adjointe ultérieurement à la fin de l’épître dédicatoire ; elle est l’œuvre de l’abbé Morel.
Sébastien LE CLERC,
Principes de dessein par S. le Clerc
Paris : G. Audran, [1700].
In-12 de 52 pl. gravures au trait, titre compris.
Reliure en maroquin rouge ; sur le 1er plat, le nom imprimé en or : Mr de Bachaumont.
Fonds ancien et précieux : RES HH 107
Au début du XVIIIe siècle, Sébastien Le Clerc a acquis une certaine notoriété. Tant et si bien que bientôt Colbert lui-même voulut s’attacher à lui : il lui donna un logement aux Gobelins avec une pension de 600 écus. Mais il y mit la condition expresse qu’il consacrerait exclusivement son talent au service du roi. Sébastien Le Clerc accepta cette clause, et donna en sus des leçons de dessin à l’un des fils de Colbert. C’est sans doute à ce titre qu’il réalisa ce carnet de croquis, véritable ouvrage didactique pour apprendre les rudiments du dessin. On y voit les traits de constructions, les systèmes de proportion et les différentes études d’une même partie du corps, qui constituent en somme les esquisses prosaïques de tous dessinateurs.
Quant à l’apprentissage de Le Clerc, le mystère n’est pas encore totalement levé et l’on ne peut émettre que des hypothèses. On ne sait comment le jeune artiste s’initia à la gravure, sans doute au côté de son père orfèvre. Quoiqu’il en soit, il s’y appliqua tellement qu’il ne se souvenait pas de l’âge auquel il avait commencé à graver. Cette explication paraît réaliste pour le maniement du burin, mais concernant l’eau-forte, le doute est plus prononcé. En tant qu’orfèvre, son père ne maîtrisait pas cette technique… L’aurait-il apprise auprès de l’ingénieur Brioys ? En parfait autodidacte, en consultant l’ouvrage d’Abraham Bosse ? Toutes les conjectures sont envisageables.
Sébastien LE CLERC
Traité d'Architecture avec des Remarques et des observations très utiles
Paris : P. Giffart, 1714
In-quarto, deux volumes
Fonds anciens et précieux : RES NN 18 et RES NN 19
En 1710, Sébastien Le Clerc eut à craindre un moment de perdre la vue ; il fut obligé de suspendre momentanément ses travaux. Il les reprit bientôt, mais pour quelques années seulement. La mort l’enleva alors qu’il venait de mettre la dernière main à son Traité d’architecture. Dans son inventaire après décès, il est fait mention de cet ouvrage dont il composa le texte et les 184 planches : publiés peu de temps avant sa mort, ces deux volumes firent l’objet d’un traité d’exploitation daté du 28 mai 1713 avec un nommé Pottier.
Ultime ouvrage réalisé par Le Clerc, ce traité réalise la somme de ce à quoi toutes ses études avaient tendues et vint couronner sa carrière. Féru de géométrie et des techniques de perspective, qu'il enseigna à l'Académie de peinture, il débuta sa carrière en exécutant plusieurs plans de forteresses du pays messin. Il se perfectionna par la suite dans le génie militaire, puis décida de venir à Paris, pour y étudier plus à son aise et mieux cet art qu’il avait l’ambition d’illustrer.
Composé en deux volumes, Le Clerc contourne les difficultés d’impression simultanée liées à la taille-douce en réservant les illustrations dans un volume spécialement dédié aux planches. Ici, en jouant sur un jeu de renvoi du texte vers l’image, celle-ci devient purement documentaire. Sur un plan historique, ce travail revêt également un grand intérêt, puisqu’il fait l’état de manière précise et détaillée des connaissances et des goûts architecturaux de l’époque.
Journal de ce qui s'est fait pour la réception du Roy dans sa ville de Metz, le 4 Août 1744. Avec un Recueil de plusieurs pièces sur le même sujet, et sur les accidens survenus pendant son séjour
Metz : P. Collignon, 1744.
In-folio contenant 8 planches
Fonds anciens et précieux : RES IN-4 021
Dans ce livre de fêtes consacré à la venue de Louis XV à Metz, en septembre 1744, l’illustration se limite à 8 planches in-folio. En effet, les gravures participent à la grandeur de l’événement et ne sont consacrées essentiellement qu’aux cérémonies fastueuses en l’honneur du souverain. Quant aux accidents survenus pendant son séjour, à savoir la maladie du roi qui aurait dû le conduire à une mort très certaine, seul le texte en fait état…
Car il faut bien avouer que cet incident revêt un caractère peu reluisant voire préjudiciable pour le règne de Louis XV. Ainsi, en visite aux armées messines, Louis XV tombe gravement malade. Condamné à une mort imminente, le parti dévot pousse Mgr de Fitz-James, premier aumônier, à exiger du roi une ultime confession publique dans laquelle il déclare être indigne du nom de roi Très Chrétien. Pour obtenir l’absolution, il semble résolu à se repentir et renvoie sa maîtresse à Paris. Répandue par le clergé, cette confession stupéfie le peuple. Et sa maîtresse, « favorite » en titre, doit fuir la ville sous les huées.
Néanmoins, après son rétablissement, le Roi reprit leur liaison. Mais Madame de Châteauroux, marquise de La Tournelle, décéda brutalement cette même année, le 8 décembre, des suites d'une péritonite. Cette mort parut suspecte à certains qui parlèrent, sans preuves, d'empoisonnement.
On comprend dès lors que l’illustration s’abstienne de faire étalage de cet épisode douloureux, par souci de bienséance et de déontologie politique. Pourtant, preuve que ses sujets n’étaient pas rancuniers, une cérémonie célébrant la guérison du roi fut officiée en l’église Notre-Dame de Metz, en présence de la reine Marie Lszczynska et du dauphin. Après un éloge introductif de Saint Louis, le prêtre fit acclamer le roi sous le titre de « Louis le Bien Aimé ». Le fait fut colporté par les gazettes et Louis XV garda pour la postérité le dénominatif qui lui fut donné dans cette église.
Pierre Joseph BUCHOZ
Atlas du Traité historique des Plantes qui croissent dans la Lorraine et les Trois Evêchés...
[Nancy] F. Messin, 1762-1770
In-quarto de [2] p., 100 feuillets de planches
Reliures armoriées ; don Yvonne et André Mutelet (1993)
Fonds anciens et précieux : RES RAN 0003
Né à Metz le 29 Janvier 1731, Pierre-Joseph Buchoz fit des études de droit, puis de médecine. Il est reçu avocat à Pont-à-Mousson en 1750. S'intéressant à l'histoire naturelle, il entreprend des études de médecine, est fait docteur à Nancy en 1759 et nommé médecin ordinaire du roi Stanislas. Mais il abandonna ce titre pour se consacrer à sa passion : la botanique. Ayant contribué à la création du jardin des plantes de Nancy, il donna des cours d'histoire naturelle en publiant de nombreux articles, dissertations savantes et ouvrages. Ainsi, il est l’auteur d’une histoire des plantes en Lorraine de 13 volumes, présentée ici.
L'œuvre de Buchoz, qui concerne essentiellement la médecine et l'histoire naturelle est immense : plus de 300 volumes, dont une centaine d'in-folio. Ce travail colossal ne l'enrichit pourtant pas. Il publie lui-même la plupart de ses ouvrages à ses propres frais, ou sollicite des mécènes, comme en témoignent les armes de différents personnages de haut rang apposées sur de nombreuses planches.
Très controversé au XIXe siècle du fait de l'abondance de sa production , nul ne conteste cependant la beauté de ses illustrations. Réalisées en taille-douce par de nombreux graveurs émérites, parmi lesquels Dominique Collin, Lachaussée, Madame Pinard, Claude Fessard…, sa flore de Lorraine est toujours considérée comme une référence importante en botanique.
Entre autres traités d’agriculture et de pharmacopée, il publie également un Manuel usuel et économique des plantes, dans lequel il expose sa conception de la culture : en parfait philanthrope, il préconise une agriculture raisonnée en cohérence avec une bonne gestion des ressources naturelles. Son opinion paraît aujourd’hui très moderne et avant-gardiste ; mais à son époque, elle était en total contradiction avec la vision de son principal rival, Parmentier, qui prône une agriculture intensive sur de grandes surfaces.
Jean ANTOINE
Traité d'architecture, ou proportions des trois ordres grecs, sur un module de douze parties, par Jean Antoine, architecte et arpenteur génal du Dépt de Metz
Trèves, Nancy, Metz : Impr. de S. A. Sérén. Elector, N. Gervois, Marchal, 1768
In-quarto de XX pages
1 /2 reliure en veau fauve orné
Fonds anciens et précieux : RES DD 104
Au XVIIIe siècle, la France tient une place de premier rang dans le domaine de l'architecture et de l'art urbain. Riche et complexe, la deuxième moitié de ce siècle est avant tout marquée par l’apogée de l'architecture néoclassique, qui utilise les éléments gréco-romains (colonnes, fronton, proportions harmonieuses, portique…). La découverte et les fouilles des sites italiens de Pompéi et Herculanum ont en effet remis à jour les formes antiques. Mais la difficulté majeure réside dans l’articulation entre architecture et arts décoratifs. L’atonie de la commande publique et le tarissement des grands programmes ont pu conduire à confondre l’une et les autres, et les mouvements du siècle tendent parfois plus à l’enchaînement des « styles ».
Les graveurs sur bois, très en vogue durant le XVe et le XVIe siècles, ont à peu près disparus à l’époque de cet ouvrage. Pourtant, curieusement, l’auteur utilise la xylographie pour illustrer son propos. Par cette technique, le rendu est certes assez grossier, mais il permet une impression simultanée du texte et de l’image, ainsi qu’une imposition aisée. Architecte et arpenteur général du département de Metz, Jean Antoine n’hésite pas à utiliser des exemples précis tirés de l’architecture civile lorraine pour illustrer son propos. Pour lui, ainsi qu’il l’écrit dans sa préface : « L’architecture civile est une science qui apprend à former dans l’esprit, et à tracer sur le papier le plan d’un édifice (…) pour le bâtir de façon qu’il réponde à l’intention de celui qui le fait élever ».
De ces illustrations émane une architecture sobre voire ascétique, agrémentée par quelques ornements. Ainsi, dans son traité de référence, Jacques François Blondel présente l’architecture de cette époque comme un effort de synthèse entre « distribution, construction et décoration ». Les différents édifices présentés en coupe dans cet ouvrage en témoignent bien volontiers.
